La primera adolescencia, empezaron las pataletas

A partir de los 2 años los niños desarrollan un sentido de propiedad, empiezan a conocerse como una persona separada de sus padres y comienzan a realizar acciones que lo reafirmen como una persona independiente y autónoma.

Este maravilloso descubrimiento asociado a su capacidad exploratoria les mueve a hacer solo una cosa, su voluntad. Empezaron las pataletas.

Para empezar analicemos bien el escenario de una pataleta. Se da en el momento en el que el niño quiere reafirmar su voluntad y sus padres no se sienten confiados en otorgar ese poder. Tu hijo comienza a decir “yo lo hago solo” y es indudable que querer no es precisamente poder o tener las capacidades o el conocimiento para hacerlo

Antes de la pataleta

Primero debemos estar claros, la pataleta es un proceso normal en el crecimiento de nuestros hijos. Lo importante es aprovecharlas para establecer pautas de aprendizaje dentro de la dinámica familiar.

En el universo de las pataletas las encontramos de tres tipos.

  1. Las que podemos prevenir, las que podemos anticipar y actuar en consecuencia para evitar o minimizar. Todas las referidas a sus necesidades básicas como sueño, hambre, afecto o curiosidad deberían ser cubiertas antes de ser demandadas. Por ejemplo, si sabemos que iremos a comer a un restaurante elijamos uno que nos brinde las comodidades propias para niños como sillas de infante, juegos didácticos e incluso espacios de recreación supervisados.
  2. Las pataletas que podemos prevenir pero que no lo hacemos por el bienestar de nuestros hijos. Aquí es importante anticipar y explicar el motivo de nuestra decisión: los niños se toman de la mano al cruzar la calle, eso no se negocia porque va en ello la seguridad. El baño debe ser diario, no se negocia porque va en ello el cuidado de nuestro cuerpo. Una estrategia adecuada es hacerlos partícipes de la decisión como un acto de cuidarse y quererse.
  3. Finalmente, las rabietas imposibles de prevenir, situación ideal para trabajar la inmadurez emocional propia de la infancia.

Durante la pataleta

La intensidad de las emociones en la infancia es muy alta, aún no conocen la contención de las mismas y las despliegan de manera asombrosa. Entenderlo de esta manera nos permitirá reconocerlo como un comportamiento propio del niño, no como un insulto a nuestra autoridad. Así damos el primer paso para establecer la pauta de aprendizaje.

La intensidad de nuestra firmeza y paciencia debe ser tan alta como las emociones de nuestros hijos. No caigamos en la tentación de ceder ante las pataletas, de hacerlo el niño entenderá que a través de las emociones desbordadas logrará lo que quiera en el futuro.

Controlemos la frustración. A veces es más difícil encargarse de la pataleta de nuestros hijos que gestionar nuestra frustración frente a la situación. La siguiente estrategia que explicamos a continuación va en doble vía, para sus emociones y para las tuyas.

Es momento para apaciguar las emociones. Intentar racionalizar o negociar con nuestros hijos durante ese momento no es recomendable. Con firmeza y determinación hay que establecer un “tiempo fuera” para respirar y tomar el control de las emociones. Todos alrededor debemos estar de acuerdo con esta estrategia, si el niño identifica que alguien puede ceder, tendremos que empezar todo de nuevo.

Planteado el “tiempo fuera”, solo con una palabra, acércalo a ti y tócalo con firmeza. Comienza la fase de distracción, ten preparadas preguntas o situaciones que hagan desviar su atención. A los pocos minutos inicia una conversación corta y nombra la emoción que acaba de controlar: tristeza, enfado, frustración, rabia, celos, envidia. Las emociones son parte de su vida y siempre existirán, pero este es el momento para aprender sobre ellas.

Delega. Si alguien nos acompaña y no hemos logrado controlar su rabieta y su pataleta, es hora de delegar. Cedamos el turno.

Una pataleta es solamente un desfogue de emociones y deben ser tratadas como tal. No hay un vencedor, hay un aprendizaje.

Después de la pataleta

Es momento de planificar nuestras estrategias. A continuación 4 tips para que desde el maravilloso mundo de la no pataleta nos preparemos:

  • Respetemos su autonomía y seamos flexibles según el escenario. Si dice “yo me visto solo” no intentemos corregir la combinación de colores o que se colocó mal las medias. Frente a su voluntad de hacerlo todo solo, apoyémoslo. A menos que sea imperativo o peligroso evitar la experiencia. Permitamos esos actos de independencia.
  • Siempre No es nunca Sí. Y eso frustra. Hagamos juntos un reto, durante la próxima semana evitemos usar la palabra No al hablar con nuestros hijos. Incluso si nuestra intención es que no metan la mano en el sanitario, podemos hacerlo sin usar la palabra No. Por ejemplo, podemos contarle una historia de enfermedades en la piel por hacer uso indebido de algunos espacios. Si tenemos que poner un límite claro, hagámoslo de manera positiva.
  • Activemos espacios para liberar emociones: juegos físicos intensos, espacios para llorar, asombrarnos y reír juntos, juegos de rol o lectura de cuentos que les permitan conocer en tercera persona las consecuencias de no gestionar bien nuestras emociones.
  • Dediquemos tiempo: los niños identifican claramente el tiempo que les dedicamos, incluso si estando con él preferimos mirar la tablet o el celular. La respuesta será llamar nuestra atención y comienza la pataleta. Tengamos siempre presente que el tiempo que le dedicamos debe ser solo nuestro, de la familia, sin distracciones.

Estos consejos prácticos no nos ayudarán a que nuestros hijos sean modelos de comportamiento, pero sí nos servirán para que gestionemos de la mejor manera la explosión de sentimientos que acompañan una pataleta. Es muy importante que esta manera de ver la crianza sea compartida con quienes nos acompañan en el proceso de formación.