El rol del maestro y del espacio formativo dentro de la educación activa

Si se pudiera resumir en una frase la razón de ser de la educación activa, esa sería: “no temas, cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol”. Es la mejor frase porque parte de la esperanza, de la fe en las capacidades del otro y de la posibilidad de educar desde una perspectiva en la que cada niño desarrolla sus capacidades al máximo, para integrarse a la sociedad y aportar su valiosa individualidad. Los niños son ahora el eje central de toda la dinámica de aprendizaje.

La Escuela Activa redefine el papel del maestro y del espacio en el proceso educativo del niño, ubicándolos en el papel de mentores, de acompañantes respetuosos de su ritmo e intereses. Y aborda dos vertientes formativas, la de la instrucción académica y la de hábitos, aptitudes, actitudes y comportamiento.

El maestro se convierte en un observador directo de los acontecimientos, una guía que ofrece seguridad, respeto, conocimiento y empatía. Ya no es la pieza central del aula ni el poseedor de todo conocimiento. Es junto al niño un descubridor. ¡Y algo es seguro, hay mucho por hacer!

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Nuevo rol del maestro y del espacio en la educación activa

La actividad del maestro empieza mucho antes de que el niño llegue al colegio, en la preparación y acondicionamiento del espacio. A diferencia de la escuela tradicional, cada uno de los lugares en los que se desenvuelve el niño está diseñado y organizado para atender a una serie de condicionantes y tan importantes son las competencias curriculares que vamos a tratar, como los ritmos de aprendizaje y las maneras como cada niño aborda el contenido.

Un ejemplo es la variación de espacios según las dimensiones educativas a tratar. A menudo la educación inicial se brinda en una misma aula, permanentemente. En el Preescolar Gimnasio Los Andres cambiamos de espacios, pues esto apoya la aceptación del cambio, de las diferencias y le enseña al niño a abordar nuevos esquemas y maneras de hacer las cosas.

En estos espacios diferenciados el niño debe encontrar materiales atractivos, variados y adecuados para la manipulación libre de forma segura y placentera en un proceso de interacción con otros niños, grupos heterogéneos en los que se da prioridad al desarrollo armónico de la personalidad, al respeto a la diferencia y el disenso, permitiéndole elegir sus interlocutores basándose en afinidades o intereses compartidos y procurando el establecimiento de relaciones humanas respetuosas que le muestran una sólida y positiva referencia de lo que significa compartir en comunidad.

Este entorno al que nos referimos también tiene un componente no material, el nuevo rol del maestro y el espacio exige que haya confianza, seguridad y aceptación en la comunicación, que solo puede definirse como consciente y respetuosa en la manera en la que hablamos, pero que también exige actitud de escucha, pues en la educación activa ya sabemos que el niño asume la posición de interlocutor central.
Esta atenta escucha permite al maestro percibir necesidades no satisfechas, frustraciones no resueltas y solicitudes diversas desde una profunda contención emocional.

Es en ese ambiente preparado en el que el maestro asiste a los procesos de aprendizaje, sin proyectar expectativas, organizando las experiencias y propuestas de interacción con los materiales, el entorno o sus semejantes; acompañando con respeto, calidez y empatía la individualidad evolutiva del niño, que está marcada por la edad, la necesidad, el interés, el grado de autogestión o el ritmo de aprendizaje.

En su nuevo rol, el maestro también entiende las posibilidades que tiene el juego y la actividad espontánea, y por supuesto la necesidad de escuchar y observar atentamente ese impulso vital que surge de la curiosidad innata y de las necesidades auténticas de desarrollo.

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¿Y qué pasa con el movimiento? Para que la interacción guiada sea posible es necesario que el niño tenga libertad de movimiento que le permita explorar el entorno, relacionarse, experimentar los límites del cuerpo y tomar decisiones respecto a su autonomía.

¿Salones con pupitres en fila? así se inhibe la fuerza del movimiento. Vamos a dejarlo en el pasado, en favor de la acción psicomotriz que le permitirá al pequeño desarrollar habilidades físicas y dar significado a sus vivencias, sabiendo que la experiencia basada en el cuerpo afianza sus fortalezas emocionales y cognitivas.

Solo de esta manera es posible saber que, así como la semilla tiene todo lo que necesita para llegar a ser árbol, y es nuestra labor brindarle el ambiente y los cuidados; asimismo el niño puede desarrollar todo su potencial si cuenta con lo necesario para hacerlo.

Las características de esta nueva mirada sobre la educación infantil, más respetuosa hacia las necesidades del niño, son:

  • Aulas dinámicas, con condiciones ambientales y pedagógicas que permiten la participación activa del educando a través de experiencias que les ayudan a generar sus propias explicaciones, esquemas y paradigmas.
  • Trabajo creativo, productivo y enfocado en lo social, en el que los niños tienen tanta participación como el maestro, cooperan y mantienen la armonía entre los intereses propios y los del grupo.
  • El maestro es una figura emocionalmente más cercana a los niños. Escucha, guía y colabora con comprensión y respeto.
  • La relación del niño con la escuela está marcada por la alegría de ir y participar en un ambiente que le permite el desarrollo de su personalidad, de la capacidad creadora y la autonomía.

Es finalmente, una de las escuelas que más se parece a la vida, pues tiene como objetivo principal el desarrollo armónico e integral del niño en el marco de una convivencia en la escuela, en el hogar, y en la comunidad en la que habita.