¿Qué hacemos con las mentiras?

Nadie quiere tener la nariz de Pinocho, pero lo cierto es que las consecuencias de mentir y que esto se convierta en un hábito, son mucho más dolorosas y negativas que tener una larga nariz. ¿Qué hacer para lograr que tu hijo sea sincero, sin necesidad de leerle el cuento de Pedro y el Lobo?. ¡Sigue leyendo, aquí encontrarás 10 tips para que las mentiras sean cosa del pasado!.

10 Tips para que la verdad se instale en casa

1. Tú eres su ejemplo.

No seas el mal ejemplo y no uses la mentira para lograr lo que deseas. Tu hijo lo verá como “algo normal”, comenzará a desconfiar de ti y de todo lo que esté relacionado contigo y, lo peor, como es “algo normal”, copiará esa actitud y no tendrá como referente para indicarle por qué es importante ser honesto y hablar con la verdad y que no se requiere de la mentira para lograr sus propósitos y alcanzar lo que quiere.

Igualmente, ten mucho cuidado con las falsas promesas. No le mientas ni lo ilusiones con cosas que no le vas a dar, o recompensas que nunca va a ver. Los niños son muy inteligentes y su capacidad de aplazamiento no es igual a la tuya. ¡Respétalo y no le mientas!. Es mejor decirle la verdad y que entienda por qué tiene que hacer lo que le estás pidiendo y no que le des razones y argumentos para que, a futuro, no te haga caso.

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Tampoco le pidas que diga mentiras por tí. Pedirle que cuando llamen y pregunten por tí diga que no estás en casa, le muestra a él una idea ambigua, porque le pides que no diga mentiras, ¿pero tú sí puedes mentir?. Le estás transmitiendo un mensaje equivocado, pues, aunque no sea tu intención, le estás enseñando que mentir es válido y más todavía, si quieres salirte con la tuya. ¡Por más inocente que parezca, no le enseñes la mentira!.

2. Identifica qué es una mentira y qué es una fantasía.

Es natural que los niños comiencen a mentir, como parte de un juego inocente. Cuando son pequeños no entienden la magnitud de la mentira, ni mienten con la intención de hacerte un mal. El pensamiento mágico podría dificultarles distinguir entre lo real y lo imaginario.

Si un unicornio ha llegado a su habitación y tu hijo corre a contártelo, ¡permítele continuar su historia!. Vívela con él, súmale toda la imaginación posible y déjalo que explore ese mundo maravilloso de la fantasía. Aunque sabes que no es real, no está inventando con la intención de dañarte, simplemente tiene ganas de contar un cuento y vivir una aventura contigo.

En cambio, si te dice que ya organizó su habitación o que se lavó los dientes y tú sabes que eso no es cierto, puedes hacer lo siguiente: pregúntale de nuevo con la firme intención de que entienda que vas a revisar y que de no ser cierto, habrá consecuencias.

Puedes preguntarle “¿si voy a revisar, todos tus juguetes estarán en su sitio y tu cama estará tendida?”. Dale la oportunidad de retractarse, pero hazle saber que dijo mentiras y corrígelo en ese mismo momento. Si al final insiste en que ya organizó, ve a revisar y establece normas y límites que te permitan definir qué hacer ante dicha mentira.

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Ten en cuenta que dependiendo de su edad, tu hijo tratará de evadir la responsabilidad de hacer sus deberes, mezclando fantasía y realidad. Este punto es delicado pues, si bien, tú no quieres dañar su espíritu libre y creativo, es importante que le hagas saber que no puede dejar de decir la verdad por usar la fantasía.

Es decir, si te dice que no ha ordenado su habitación porque el unicornio no lo deja, acompáñalo a su habitación y muéstrale que aunque el unicornio esté ahí, igual tiene que ordenar y, como lo dijimos antes, establece normas y límites para que su fantasía no se convierta en excusa.

3. Destaca los beneficios de la honestidad.

Todo se aprende con el ejemplo y cuando se comprende cómo funciona esto o lo otro, es viable que se puedan generar cambios en los hábitos de las personas. Para incentivar que tu hijo sea honesto y que la verdad sea su ley, ¡cuéntale sus beneficios y dale los argumentos para que pueda decidir qué es verdad y qué es mentira!.

Hay cientos de canciones, cuentos y películas que pueden servirte para demostrar lo valiosa que es la sinceridad, la honestidad, asumir la responsabilidad por las propias acciones y sus consecuencias, el valor de decir la verdad sobre una mentira, ¡y mil opciones más para que aprendan y apliquen!.

Recuerda, ser honesto mejora la autoestima, permite tener una visión positiva de sí mismo y además, abre muchas puertas en la vida.

4. ¿Hizo algo mal, no respetó una norma? No se acabó el mundo ni tu amor por tu hijo.

Es duro tener que decirle “no” a tu hijo, pero es más duro castigarlo y hacerle ver las consecuencias de sus actos. Establecer normas, límites y consecuencias es un acto de amor que debe ser respetado para que tenga un valor real.

Sabemos que no es fácil y que puede traerte juicios familiares o implicar un momento amargo, pero piensa que valdrá la pena, cuando, en un futuro, veas que criaste al mejor hijo, lleno de valores, responsable y respetuoso. Sin embargo, aunque tú sabes todo eso, tal vez él no y su temor más grande sea que te pongas bravo y pueda perder el amor de quienes más ama: su familia.

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Eso lleva a que los niños mientan y oculten cosas. Por esto, debes mostrarle que NADA hará que lo dejes de amar. Enséñale que tras un error no habrá consecuencias catastróficas ni será el fin del mundo. Exprésale claramente que el amor no se va por un error.

Por otra parte, no lo manipules ni juegues con sus sentimientos. De verdad, ¡eres lo que más ama en el mundo! y, si por rabia o para lograr que haga algo, lo amenazas con “si no lo haces ya, no te voy a amar igual”, debes cambiar esa frase porque le estás infundiendo miedos, inseguridades y dolores innecesarios, además, lo estás incitando a seguir mintiendo.

Por ejemplo, si, a pesar de tus indicaciones, no se ha bañado, la consecuencia debe ser que, en todo caso, tiene que entrar al baño y darse una ducha, porque la norma dice que en casa todos se bañan a diario. No debe haber castigos, maltrato, furia o gritos. ¡La calma debe ser tu aliada!. Esto no implica abandonar tu firmeza ni dejarte convencer. Hazle comprender, con claridad, las consecuencias de sus actos.

La mentira no puede ser el camino para evitar hacer cosas que no son del agrado de tu hijo o, simplemente, para salirse de un problema. Así que, con el mismo amor con que lo abrazas en la mañana, debes hacerle ver que lo que hizo estuvo mal.

5. Escúchalo con atención.

Cuando le preguntes a tu hijo acerca de un suceso delicado en el que crees que pudo haber fallado, trata de hacer preguntas claras y específicas sobre lo que quieres que te responda y que le permitan entender las razones por las que eso que pasó no es correcto.

Si notas que te está mintiendo, ¡no lo interrumpas!. Déjalo que termine su mentira, que explique, argumente y hable. Escúchalo muy bien. Cuando termine, como buen adulto que eres, pregúntale con mucha calma “¿Estás seguro de todo eso?. Tal vez se te olvidó algo, ¿me cuentas de nuevo, por favor?”. En ese momento, él sabrá que tú ya sabes que lo que te dijo no es verdad.

Déjalo que se retracte, que asuma las consecuencias de sus actos y que sea sincero. Hazle saber que ya sabías y que, por decir mentiras, habrá una consecuencia. Ten en cuenta que lo importante no es generarle temor o desconfianza, al contrario, que vea que por más difícil que sea la situación, siempre podrá decirte la verdad y ¡que es lo mejor que puede hacer!.

6. Valora y respeta su privacidad.

Hay un periodo de la infancia en el que los niños comienzan a guardar cosas. No hay cajita con candado ni diario con clave, suficientemente seguros para salvaguardar su honor, su secreto, ¡su privacidad!.

Valora y respeta su derecho a tener su espacio. A veces vemos que en tono de burla se amenaza a los niños con leer su diario o abrir su tesoro escondido. Esto sólo disminuye su autoestima y amor propio, enseñándoles que deben ocultarse más, para no ser irrespetados o vulnerados.

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Ten presente que el temor y el miedo pueden llevar a tu hijo a la mentira, pues disminuye la confianza familiar, además de generar una barrera innecesaria entre tu hijo y tú, que poco a poco hará que cambie la forma en que se relacionan. ¡No caigas en este juego y, así como le pides que confíe en ti, confía tú en él!.

7. Construye en familia un clima de confianza y seguridad.

La familia es el grupo de personas más valorado por tu hijo. Son quienes mejor lo entienden, con quienes puede ser exactamente como es. ¡No dañes eso!. Vela porque tu hijo se sienta aceptado, respetado, amado y valorado. Bríndale un entorno en el que no tenga que mentir para sentirse bien o encajar mejor.

La mentira sólo trae más problemas, así que, promueve espacios en los que pueda expresar sus angustias y sueños con honestidad; en los que la verdad sea el pilar central y que le brinde la estabilidad emocional y personal que se merece.

Sin importar qué tan fuerte o doloroso sea lo que tu hijo te cuente, enséñale que puede contarte cualquier cosa porque el drama no es necesario si la verdad es lo que prima.

8. La mentira no paga. No permitas que al mentir se salga con la suya.

Las normas y los límites se establecen en familia y deben respetarse, no son simples declaraciones. Su aplicación permitirá tener una mejor convivencia y saber hasta qué punto podrá llegar tu hijo con cada una de sus acciones.

Por ejemplo, si te dijera “no puedo ordenar porque hay un fantasma”, acompáñalo, revisen juntos que “ya se fue el fantasma”, e incentívalo para que organice su cuarto tan rápido como pueda para que disfrute de otro espacio en donde no esté el fantasma, pero, si te miente sobre un plato roto y no es la primera vez, debes hablar de las consecuencias, pues ya es una conducta repetitiva.

No dejes que las normas, los límites y las consecuencias de no respetarlos, que tanto te costó establecer, se pierdan en el olvido. Al dejar que tu hijo se salga con la suya, no lo estás educando, sin querer, lo estás malcriando y le estás mostrando que no importa la mentira que diga, pues siempre podrá conseguir lo que quiere. ¿Te parece que eso es correcto?.

9. Celebra sus verdades. ¡Ha sido sincero y eso está muy bien!.

Así como se exponen las mentiras y se establecen consecuencias, está muy bien que celebren cuando tu hijo ha sido honesto y no ha recurrido a la mentira para salvarse.

Claro, algo pasó y tiene sus consecuencias, pero qué bien que dijo la verdad, que fue honesto contigo y, lo mejor, consigo mismo.

La realidad es que todos cometemos errores, nos pasan cosas que no nos gustan, pero es de valientes afrontarlo. ¡tu hijo merece un reconocimiento por el gran esfuerzo que está haciendo!.

10. No celebres la mentira. No es un ejemplo de astucia ni de viveza.

Es importante que, desde pequeño, le muestres a tu hijo el valor y la importancia de ser honesto, leal, transparente y de hablar siempre con la verdad. Muéstrale casos, háblale de tus anécdotas, que vea que así como él, tú aprendiste. No permitas que sus mentiras se conviertan en algo incontrolable, al punto que no pueda medir sus consecuencias. Comienza a hacer la diferencia, ¡tu hijo lo vale y el momento es ahora!.

Cada mentira es como una bola de nieve, sólo atrae más mentiras y más problemas. ¡No la celebres, no la incentives, no la enseñes!. Es cruel, innecesaria y dañina. Tal vez al principio sea vista como un juego inofensivo, pero si no se corrige a tiempo y se enseña que la verdad siempre será lo mejor, podría tornarse en un grave problema.