El poder de la palabra para el desarrollo de los niños

En toda comunicación, las palabras juegan un papel importante pues guían su curso, valor y sentido. Ante una palabra hiriente, tu interlocutor puede sentirse mal o reaccionar negativamente. Al hablar con los niños, nuestras palabras entran a formar parte de su vocabulario -que captan y adaptan ágilmente- y contribuyen a determinar su comportamiento, con lo cual podemos imponerles etiquetas y estereotipos, sin querer.

Por esto, ¿te has puesto a pensar en el impacto que tienen las palabras en tus hijos? Cuando los niños reciben frases de amor y apoyo, experimentan un respaldo fundamental, que los alienta a sentirse capaces de lograr el objetivo propuesto. Las palabras que decimos dependen del estado de ánimo en el que nos encontremos, o del manejo de nuestra inteligencia emocional, por lo que es importante pensar antes de hablar.

(Puedes leer: ¿Cómo educar niños capaces y felices?)

Simplemente, en ocasiones olvidamos el verdadero valor que tienen las palabras, y como dice el sabio proverbio chino: “En la vida hay tres cosas que no vuelven nunca atrás: la flecha lanzada, la palabra pronunciada y la oportunidad perdida”. ¿Qué sucede cuando los niños escuchan que son aburridos, tontos, inútiles o lentos? Muchas de estas palabras tienen el poder de definir negativamente parte de la personalidad de un niño.

La fuerza de las palabras en los niños

Los niños son como esponjas que absorben constantemente conocimiento sobre lo que les rodea, por lo que aprenden con mucha facilidad las palabras que escuchan en su entorno y las repiten sin medir la fuerza o significado que ellas tienen. Entonces, se puede decir que las palabras pueden llegar a moldear la esencia de un niño, por ejemplo, cuando le pides a tu hijo que ordene su habitación, ¿cómo lo haces? señalas primero el gran desorden que hay y ¿usas adjetivos como desordenado o irresponsable? Pues bien, puede que estés enviando un mensaje equívoco a tu hijo ya que resaltas lo malo sin ofrecerle la posibilidad de conocer o recordar los beneficios de ordenar su cuarto. Aquí, la disciplina, la paciencia y las palabras positivas deberán ir de la mano.

Pero tu niño no solo aprende con frases de amor, recuerda que tú eres su principal modelo a seguir, por lo que es muy importante que le des ejemplo con las palabras que dices y que estas sean coherentes con tus actos. Usa mensajes positivos para reforzar sus buenas conductas, al igual que para hacer una reflexión necesaria que busque distintas soluciones ante las fallas cometidas, a cambio de un regaño con violencia o imposiciones.

El colegio Gimnasio los Andes te ofrece algunos tips para comunicarte mejor con tu hijo:

El papel de las palabras en la comunicación con tus hijos

Las palabras son fundamentales en la comunicación familiar, por ello es muy importante que seas consciente de su poder para crear, cuidar, cambiar, deteriorar o destruir cualquier relación social e incluso afectar nuestra propia autoestima. Cuida también las palabras que usas para animarte o castigarte ya que todo inicia por ti.

La formación recibida en casa es la base de la personalidad de los niños. Las palabras que escuchan decir a sus familiares hacen parte de sus mensajes cotidianos, contribuyen a estructurar su identidad y formar su pensamiento. De allí la importancia de mantener comunicación consciente en el hogar: medir la fuerza de las palabras.

El diálogo con tu hijo es un motor que afianza su vínculo afectivo contigo y apoya la estructuración de su inteligencia emocional. A medida que va creciendo, puede que sientas que es más difícil comunicarte con tu hijo por lo que queremos ofrecerte algunos tips para que te ayudarán a sostener una comunicación asertiva en familia.

Como hemos dicho anteriormente, las buenas palabras tienen que ir acompañadas de buenos actos por lo que al comunicarte con tu hijo intenta:

  • Escuchar primero y dejar hablar sin interrumpir.
  • Recalcar la importancia del respeto, de no interrumpir y escuchar con atención
  • Responder comprensivamente y ¡sin enojo!
  • Practicar la expresión de sentimientos sin recurrir a malas palabras o comportamientos como pataletas. Pueden hacer pausas durante el diálogo con el fin de tomar un respiro y evitar así palabras hirientes.
  • Mantener el tono de la conversación en un modo conciliador o amigable.
  • Dar ejemplos de situaciones de tu vida para mostrarle que entiendes su punto de vista.
  • Recordar la importancia de mirar a los ojos y tener una postura corporal abierta.
  • Invitarle a reflexionar sobre sus actos y cómo hubiera podido suceder diferente.
  • Pensar que, a veces, las palabras deben ser pocas y los abrazos muchos.
  • Argumentar tus respuestas y ser amable al reconocer las virtudes de tu hijo.
  • Recordar que el pasado no se puede cambiar, ayudarle a encontrar diferentes salidas al problema actual y enseñarle a asumir las consecuencias (Puedes leer: ¿Cómo trabajar en la resolución de problemas con tu hijo?)
  • Pedirle que exprese sus sentimientos y preguntarle cómo se siente. Es importante que escuches los calificativos que usa para describirse. Ayúdale a construir una buena imagen de sí mismo: eres valioso, inteligente, capaz, valiente, humano…
  • No discutir quién tiene la razón.

Deja fuera de la comunicación con tu hijo y de tu propio vocabulario palabras como:

  • No puedo, no se puede o no puedes.
  • No sirvo, no sirves.
  • No soy capaz, no eres capaz.
  • Los niños no lloran, las niñas no se comportan así.
  • Eres malo (a)
  • Usar amenazas como castigo, ya que inducen a realizar una acción bajo intimidación o miedo más que por convicción y entendimiento: si no comes, te castigo; si no sacas buenas notas, no vamos de viaje.
  • Usar comparaciones con otros niños: mira como se porta de bien ella o él.

(Puedes leer: ¿Cómo reforzar con tu hijo en vacaciones el diálogo y la tolerancia?)